Como todas las mañanas
despierto con una luz penetrante en mis ojos. Comienzan las mismas voces de
todos los días, llego al punto de repetir perfectamente lo que dicen. No
alcanza con taparme los oídos, invade hasta mis pensamientos más profundos, lo
pienso sin intención. Me ganó la resignación, no quiero más esta rutina.
Intento hablar con él pero no responde, solo repite lo mismo de siempre,
comencé a creer que tiene razón. Siento que
es mi única forma de salir, de atravesar estas cuatro paredes. Pero nada cambia, el sigue hablando y va a ser así hasta que terminé el día.
Pasaron más de 120 días y
sigo encerrado, pero el video no siempre fue el mismo. El hombre que habla en
el, cambio su discurso con el tiempo. Al principio hablaba de cambios
radicales, lo único que hacía era imponer proyectos políticos. Pero ahora solo
promete, cada día habla de beneficios nuevos que quiere implementar aunque
nunca dice como los va a concretar. Muestra una imagen seguro y relajada, me
habla con confianza como si me conociera o lo fuera a conocer. Termina el día y
vuelvo a dormir, silencio al fin.
Desperté en el
silencio, tal vez era muy temprano, el video comenzaba a la madrugada. Algo
había cambiado, las voces habían desaparecido y yo no sabía que pensar. ¿Era
algo bueno o malo? ¿Saldré de aquí? La
respuesta a mis preguntas apareció cuando un hombre abrió la puerta. Me obligo
a salir de la sala e ir a un lugar en donde nunca había estado. Me llevo a una
mesa, en ella había dos papeles, en uno aparecía el hombre del video, en el
otro una persona que jamás había visto. El hombre me obligo a tomar uno de los
papeles y a meterlo en una caja. Tomé el
papel donde aparecía el hombre del video, luego lo metí en la caja
esperando que sea el quien me saque de allí.
Autora:
Delfina Cassera
Curso: 5to A
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